El fuego del fin del mundo

Hace ya medio siglo desde que Wendell Berry, bajo la mirada horrorizada de sus colegas académicos y de la intelectualidad, decidió abandonar su plaza como profesor en la Universidad de Nueva York para volver a su Kentucky natal, para trabajar unas pocas hectáreas y formular desde allí su pensamiento, vinculado de forma íntima con la tierra y con su defensa. El tiempo parece darle la razón. Berry desafía las categorías políticas tradicionales: las nociones asumidas de activismo y movimiento social, la eficacia misma de la política a escala nacional y global. Hacia la derecha, Berry denuncia el poder de las empresas y del capital que devora la naturaleza; hacia la izquierda, critica el individualismo desarraigado que privilegia la movilidad y el cosmopolitismo en detrimento de lo rural.

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